August 19, 2018

Este mes, os comparto una bonita historia real , muy relacionada con los inmuebles, pero con un trasfondo humano.

En Washington, hace ya casi 10 años, en Junio de 2.006, unos famosos constructores adquirieron más de una manzana de la ciudad de Ballard, y estaban ya comenzando a construir un enorme centro comercial. En mitad de todo el acero y hormigón de dicho centro, quedaba una pequeña vivienda, construida en 1.900, su propietaria, que vivía allí, era una testaruda mujer, frágil, por aspecto y edad, pero muy combativa. Todo el que había intentado negociar con ella, había sido expulsado de su propiedad.

 

Al supervisor de la obra, se le encomendó la tarea de negociar de nuevo con ella, pero él decidió cambiar la estrategia. Ella estaba en su jardín cuando el se presentó y le comentó : “Srta. Macefield, sólo quería comentarle que vamos a hacer mucho ruido y ensuciar mucho. Si necesita cualquier cosa y tiene algún problema, le dejo mi número”.

Ella contestó en aquel primer contacto : “Muy amable, será bueno tener compañía”.

La puertecita de la casa se encontraba a menos de 12 metros de la caseta de la obra y casi todos los días, el supervisor, Barry, terminaba saludándola. De pronto un día le sonó el teléfono con una extraña petición : “Podría Vd. acercarme a la peluquería ¿??”.

Aunque le sorprendió la petición, el aceptarla supuso el inicio de una curiosa relación. Tras devolverla a su casa y ella darle las gracias, le contestó : “De nada, digamé si necesita cualquier otra cosa”.

En las siguientes semanas, cada vez que pasaba por allí para ver cómo estaba, tenía que aparentar casualidad, para que ella no se enfadase. Las visitas y el acompañamiento a la peluquería se repitieron en varias ocasiones, pero tras unas semanas, uno de los días ella estaba muy enfadada : “Que sepas que no me ha gustado nada vuestra llamada de hoy, siguen acosándome para que me mude, pero ya pueden ahorrar saliva ¡¡¡ Tu amigo constructor parece amable, pero ya sé lo que busca….”.

Barry contestó : “Mire, yo trabajo por horas, a mi no me afecta si se queda o se va, pero dígame, por qué no se quiere mudar ¿??” Ella le explicó : “Y donde se supone que iría, no tengo familia, mi madre murió aquí, y esta es mi casa, aquí es donde yo quiero morir”.

Parecía a la vez ágil y fuerte, pero frágil, vulnerable, necesitada e independiente. Su petición era simple, pero caló en el corazón de Barry, que se conmovió y se convirtió casi en su protector.

Según avanzaba la obra, el valor de su casa subía, los constructores llegaron a ofrecerle un millón de dólares, además de construirle una réplica exacta de su casa en otro lugar, pero no hubo manera…..

El tiempo pasaba y él la seguía llevando a la peluquería, y comenzó a llevarla a sus citas médicas, luego empezó a concertarle además las citas. También ella le preguntaba qué podía hacerse de comida, y en ocasiones Barry le mandaba algún chico con una hamburguesa y un batido, ambas cosas le entusiasmaban.

Fijándose en las fotografías de la casa, no porque ella le diera mucha información, Barry supo que ella había pasado por un campo de concentración en su juventud, de ahí su espíritu combativo, y que tocaba jazz con su clarinete. Dijo ser prima de Benny Goodman.

Un día, varios trabajadores sociales, dado el caso, llegaron a hablar con Barry para estudiar la posibilidad de entre todos, convencerla a mudarse. Lejos del propio interés de la empresa de Barry, él habló en su favor, se comprometió a hacerle un seguimiento cotidiano y a responsabilizarse de ella.

En ese momento él comprendió lo mucho que estaba aprendiendo a través de ella, sobre el envejecimiento y el significado que puede tener una casa a ciertas edades, el arraigo que supone.

Los meses avanzaban y entre semana, el nunca llegaba temprano a su casa porque ella siempre le llamaba con algún problema; aquel invierno, tuvo varias caídas. Sin embargo, la esposa de Barry, tolerante decía : “Se necesita ser una persona especial, para ocuparse de todo eso…”

Durante todo el tiempo que duró su amistad, lo más parecido a unas gracias que Barry obtuvo fue cuando ella le dijo : “No sabes como espero cada mañana el sonido de tus llaves en la puerta…” Cada vez estaba mas frágil, y a los 86 años se le diagnosticó cáncer de páncreas. Por supuesto, ella no quiso valorar ninguna opción médica, volvió a su casita y murió en el mismo sofá en que murió su madre, en Junio de 2.008.

Le dejó la casa a Barry y a su familia, quienes optaron por no venderla a los constructores del centro comercial, sino a un diseñador arquitectónico, que la preservó tal cual.

Ella se convirtió además en el proceso, en símbolo del individuo contra las grandes corporaciones, en una especie de heroína popular, que valoraba la independencia y la integridad por encima del progreso y por supuesto, del dinero. Su nombre era : Edith Macefield.

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