September 20, 2017

Es posible que conozcas la imagen del coronel del “pollo frito de Kentucky”. Es ese personaje sonriente de cabello y perilla blanca que figura como marca en todos los establecimientos de comida rápida: “Kentucky Fried Chicken”. Esta persona existió, su nombre fue Harlan Sanders (arriba en la foto), y suya es la frase: 
“He descubierto -decía Mr. Sanders- que el fracaso no es más que un salta hacia algo más grande y mejor. Porque, detrás de un problema, hay una oportunidad, si usted quiere buscarla.”
 
Mr. Sanders dirigía un restaurante en las afueras de Corbin, Kentucky, Estados Unidos, preparando pollos fritos. Un día se construyó una autopista a pocos kilómetros de su negocio y tuvo que cerrar. A los sesenta y seis años se quedó casi sin dinero y sin medios de subsistencia para él y su familia. Entonces decidió ofrecer sus métodos de preparación del pollo frito del Sur, con sus hierbas y especias, a los propietarios que estuvieran dispuestos a pagarle cinco centavos por pollo.
 
Su decisión fue el principio de una empresa internacional que lo convirtió en millonario y revolucionó la industria avícola. Detrás de un problema siempre hay una oportunidad, si queremos buscarla. Éste es el punto clave: ¡hemos de saber buscarla!.
¿Tenemos ahora algún problema? Sea grande, mediano o pequeño. no perdamos el tiempo afligiéndonos por él. Recordemos en este caso la orientación que nos dejó el pensador Schiler: “No miremos hacía atrás. De nada serviría. Dirijámonos hacia adelante. No nos aflijamos. Preparémonos para actuar porque un fracaso puede ser un salto hacia algo mejor.”
 
Hoy en día, existen tantas diferentes definiciones del éxito como seres humanos, y hay quienes pretenden y ofrecen considerables pruebas de que el mayor fracaso de nuestro tiempo es el éxito, ya que hemos llegado a equipararlo, cada vez más, con posesiones materiales.
 
Hay 2 importantes criterios para el éxito:
  1. ¿Creen los demás que tienes éxito?
  2. ¿Lo crees tú?
Es bastante inútil que todo el mundo piense que tienes éxito si tú mismo no lo crees así. El zumo de tu éxito es tu propio conocimiento interno de ese éxito.
¿Para quién vamos a lograr el éxito, para nosotros o para alguien más? El éxito, si deseamos que tenga algún significado debe ser algo personal. Varía de un individuo a otro, igual que varía la personalidad; surge de las profundidades mismas en donde se origina la personalidad, a menudo se requiere un sondeo perspicaz para descubrir por nosotros mismos cuáles son nuestras propias ideas del éxito.
 
En la turbulenta Europa de mediados del sigo XIX, el escritor George Sand, escribió una de sus famosas cartas una definición bastante notable del éxito:
 
“Uno es feliz como resultado de los propios esfuerzos, una vez que se conocen los ingredientes necesarios de la felicidad, gustos sencillos, cierto grado de valor, el autorrenunciamiento hasta cierto punto, el amor al trabajo y, por encima de todo, una conciencia limpia. La felicidad no es ningún sueño vago, de eso estoy ahora seguro. Mediante el empleo adecuado de las experiencias y el pensamiento, es posible lograr grandes cosas de uno mismo; por medio de la determinación y la paciencia incluso es posible restaurar la propia salud. Así que vivamos la vida tal y como es, y no seamos desagradecidos.”
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El éxito personal debe residir en nuestro interior, si queremos que exista. No puede componerse de signos o apariencias externos, sino únicamente de valores personales intangibles que emanen de una filosofía madura. Una de las cosas de Mahatma Gandhi que más impresionaron al mundo fue la fotografía de todas sus posesiones terrenales, que se publicó en la época en que falleció: un par de gafas, un par de sandalias, unas cuantas prendas de vestir muy sencillas, un torno de hilar a mano y un libro. Y no obstante, el mundo se percató de que había fallecido uno de los hombres más ricos.
 
Henry David Thoreau lo expresó de forma más sencilla: “Un hombre es rico en proporción a las cosas de que puede prescindir.” Algunos de los factores dinámicos del éxito son:
  1. Propósito. Una persona debe saber que en cualquier cosa que haga, avanza en dirección a una meta. El peor enemigo del éxito es ir a la deriva. Cada uno de nosotros ha vivido ciertos momentos en que la vida de pronto se convirtió en algo vibrante y animado porque íbamos a alguna parte y, como contraste, otras ocasiones sombrías en que la vida nos pareció como un muro al final del camino que dice: callejón sin salida. El éxito, para ser verdadero, debe tener un constante sentido de propósito; de otra manera, aún cuando podamos vegetar con éxito, no podremos vivir con éxito.
  2. Promedio de aciertos. El éxito debe poseer la naturaleza intrínseca de un promedio de aciertos. No todo es de una sola pieza, ni cada hora, ni cada día nos ofrece un éxito uniforme. Más bien, en el éxito hay ciertas crestas (montañas), separadas por valles de fracasos. Una vida de éxitos también tiene años de fracaso, tendrá sus momentos de absoluto derrumbamiento. Son testimonios de que el éxito no es tan fácil. Si posees una confianza de mayor arraigo, una persona es capaz de absorber el fracaso ocasional; si mantienes un estrecho contacto con la realidad , un individuo maduro sabe que el fracaso ocasional es algo inevitable y desperdicia menos energía inquiétandose por ello, una energía que le permitirá esforzarse en alcanzar el éxito que busca.
  3. Precio. No hay ningún éxito gratuito. Parece como si la alegría del éxito debiera equilibrarse con el esfuerzo para alcanzarlo.
  4. Satisfacción. Para una persona el alimento puede ser simplemente eso, y para otra puede ser veneno, por consiguiente para un hombre la satisfacción puede derivarse del hecho de amasar una gran fortuna, en tanto que para otro surge de la creación de un simple negocio, o de la puesta en marcha de un proyecto cualquiera. Ninguno de los dos puede pretender que ha alcanzado el éxito si no encuentra satisfacción. El éxito es algo que debe disfrutarse, puede ganarse con lágrimas, pero debe estar coronado con risas. De lo contrario, el esfuerzo quizá haya valido la pena , podría ser bueno e incluso grandioso, pero para el individuo que carece de esa alegría interna, que también se conoce con el nombre de satisfacción, difícilmente puede haber éxito.
El éxito no es una camisa de fuerza, no es un molde dentro del cual deba vaciarse todo. No es ningún sello rígido. Es tan individual como nuestras huellas digitales o la mirada que hay en nuestros ojos. Todo lo que necesitamos es el valor de ser, y de realizarnos nosotros mismos. Sigue adelante amigo/a, te deseo mucho éxito.
 
Juan Haro

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