September 20, 2017

Cuando ofrezco conferencias y talleres para padres, suele haber alguien que pregunta qué puede hacer para que le hablen sus hijos. Esta es una necesidad que todos los padres tienen (tenemos) y algo que intentan conseguir recurriendo a ayudas y fórmulas ofrecidas por otros.

Me preguntan a mí y yo les respondo con otra pregunta ¿Lo que te funciona con uno hijo te sirve con el otro? Y la respuesta siempre es “no”.

Las personas somos todas distintas y tenemos diferentes necesidades, por eso no tiene sentido que busquemos ciertas fórmulas fuera, hay que descubrir lo que funciona en cada caso. Lo que sí podemos hacer es aprender a encontrar nuevos enfoques. Si lo que has hecho hasta ahora no te ha funcionado todo lo bien que quieres, seguro que es el momento de encontrar enfoques que aporten nuevas opciones.

Una parte importante de mi trabajo es establecer niveles de comunicación óptimos con adolescentes para ayudarles a desbloquearse y actuar. Esto lo consigo aplicando ciertas técnicas y, sobre todo, adoptando ciertas actitudes. Las actitudes se consiguen desde las convicciones y la experiencia, no son tanto el resulto de un aprendizaje teórico como la consecuencia de una actitud ante la vida. Los padres quieren saber cómo consigo conectar con sus hijos y yo se lo puedo explicar, pero es mucho mejor que lo vivan y lo hagan suyo.

He puesto a disposición de los padres diferentes recursos para que mejoren el contexto de comunicación de sus casas. Mucha de la teoría está recogida en el libro “El arte de educar para ser” pero la teoría no siempre es suficiente, por eso ofrezco tutorías individuales para hablar de cada situación.

A pesar de estos recursos, los padres siguen pidiéndome más recursos, más trucos y yo sé que la explicación teórica no sirve, hay que vivir ciertas cosas para provocar un cambio interior. Para eso he diseñado el curso ¡Háblame! que contiene, no sólo los elementos teóricos, sino, sobre todo, la vivencia práctica.

El curso da respuesta a las principales inquietudes que me han presentado los padres y está fundamentado en las conferencias y los talleres que he impartido a cientos de padres y profesores hasta la fecha.

En el primer taller veremos por qué les cuesta responder y qué tipos de preguntas podemos hacer para que la comunicación sea más fluida y útil.

En el segundo taller, los padres descubrirán el nivel de cambio que pueden llegar a provocar con las conversaciones que están teniendo y cómo mejorarlo.

El tercer taller ha sido, para muchos, un cambio radical en la relación con sus hijos. Aprenderán sobre sí mismos a partir de sus momentos de enfado y lo haremos partiendo de ejemplos reales, propuestos por la audiencia y resueltos en vivo.

El cuarto taller buscará esos obstáculos en la comunicación que no estamos viendo. Sobre este no digo mucho más, porque lo importante es que cada uno descubra por medio del ejercicio práctico que resolveremos entre todos.

Así, aprendiendo desde la experiencia individual y colectiva, es como la teoría se convierte en sabiduría.

Por Carlos Melero

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