November 23, 2017

Siempre me ha encantado el baloncesto, y me gustaría comenzar hablando de Anthony Jerome “Spud” Webb es un ex jugador de baloncesto de la NBA. Con una altura oficial de 168 cm, es el jugador de la NBA más bajo en ganar un concurso de mates en el año 1.986. Inclusive le ganó a Dominique Wilkins, que defendía su título de 1.985 y que era compañero de Webb en los Atlanta Hawks. Siempre el deseo por algo marca una notable diferencia en la vida. El deseo y la constancia son dos importantes indicadores para lograr retos.

Anthony Web siempre fue el más pequeño, pero cada vez que le decían que no lo conseguiría trabajaba más duro. Siempre fue un gran atleta. Nació con unas piernas prodigiosas y una fe más gigante que sus futuros rivales. Tuvo que romper moldes, tuvo que saltar más que nadie, tuvo que ser más rápido que todos y lo más difícil: tuvo que superarse todos los días. Por eso todo el mundo se ponía las manos en la cabeza cada vez que veían a un chico de menos de 1.70 machacar de espaldas a dos manos. O con un rectificado a dos manos, cruzar la pista a la velocidad de la luz y manejar el balón con una destreza atípica. Spud dijo una vez cuando vivió en Dallas: “Para mí habría sido más fácil hacerlo a una mano pero yo no era capaz de agarrar el balón con una mano así que lo mejor era machacar con dos”.

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Verle machacar era tan espectacular que allá por donde iba la gente se lo pedía sin cesar, de hecho, hoy en día aún se lo piden. Sin embargo Spud no lo veía del todo positivo, en una entrevista comentó: “La gente solo me veía como un dunker así que decidí no presentarme más a ningún concurso de mates. Yo sabía hacer muchas otras cosas para ayudar al equipo pero la gente no lo apreciaba. Creo que ganar el concurso de mates, de alguna manera, también me hizo daño”. Yo sin embargo pienso: “tal vez Spud, pero también es cierto que has dado esperanza a todo el mundo ¿Si tu puedes por qué nosotros no? Yo creo, que muchos consiguieron hacer el mate gracias a su inspiración”.

Algunos pensarán que el gran Michael Jordan nació con talento y que por ello se convirtió en el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos. Pero, si eso fuera verdad, ¿Por qué no lo admitieron en el equipo del Instituto? ¿Por qué llegó a ser un jugador muy superior a millones de otros jóvenes que sí fueron admitidos en sus equipos de baloncesto? El secreto de Jordan no fue su talento sino su corazón y su cabeza.  Èl creó su talento para el baloncesto basándose en su voluntad de ser el mejor. Y después, le sacó todo el provecho posible. El principio es el siguiente: no busques en tu talento para tener éxito, sino en tu deseo.

Hay una historia muy graciosa que ilustra el mundo del deseo:

“Un peso pesado se abría camino entre la multitud de espectadores después de haber perdido un combate. Un hombre bajito se le acercó y le gritó:

-¡Eres un farsante, si yo fuera tan grande como tú, sería el campeón de todos los pesos pesados!.

El campeón se volvió hacía el hombre bajito y le preguntó:

– Entonces, ¿cómo es que no eres el campeón de los pesos pluma?”

La carrera no siempre la ganan los más rápidos, la ganan los que se resisten a perder. Los que más deseo tienen, pero a veces ponemos como excusa los problemas.

Sin embargo, los problemas son sinónimo de vida. La ausencia de problemas es la muerte, es el nulo crecimiento. Las únicas  personas que no tienen problemas son las que ya están enterradas a dos metros bajo tierra. Me gusta confiar en las personas que más problemas han tenido, pues los problemas te hacen más fuerte.

Te invito a utilizar este proceso mental de tres pasos cuando encuentres un problema:

  1. Elige cuál es el problema que quieres solucionar. Lo apuntas en un papel.
  2. Escribe las diferentes soluciones.
  3. Piensa en cuál puede ser la más idónea y emprende acción sin importarte el resultado.

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En todos los problemas sin solución existe la semilla de algo mejor. Por eso es positivo afrontarlos con una sonrisa. Mira a los problemas desde una nueva óptica, una nueva perspectiva para poder crear infinidad de soluciones nuevas. Qué pasaría si la próxima vez que te digas a ti mism@: ¡eso nunca funcionará!, agregas rápidamente: ¿Y qué pasaría si lo intento de todas maneras? Así te abres a posibilidades que de otra manera permanecerán ocultas. Convierte tu problema en una pregunta y luego formúlate esa pregunta. Trata de contestarla sin presión y sin ansiedad. Dejate fluir. Las ideas, las posibles respuestas  a tu problema son como billetes de lotería que puedes imprimir para ti mismo. Sigue imprimiendolos hasta que ganes. Pero no puedes cobrar estas ideas hasta que las hayas escrito e intentado.

Mucho éxito, y muchos problemas te deseo: te harán más sabio, rico y experimentado.

Audio mp3 episodio 362 “El interés y la energía” por Juan Haro

(si no puedes visualizar el reproductor, haz clic aquí para escuchar el audio mp3)

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